El compromiso de Sintratelefonos, sindicato mayoritario de base de los trabajadores de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá, ha logrado el segundo cabildo abierto en la historia de la ciudad, avanzó en la revocatoria de Peñalosa y jurídicamente frenó la venta de la ETB.


El cabildo no logró sus intenciones por la politiquería dentro del concejo y la revocatoria está pendiente, porque el CNE debe pronunciarse para darle viabilidad. Ante esta andanada de conquistas, la reacción de Jorge Castellanos, presidente de la ETB, no se ha hecho esperar. Él y Peñalosa no desisten de su objetivo.

Primero está la millonaria inversión del alcalde en su defensa publicitaria. Se ha demostrado que está dispuesto casi a cualquier cosa, con tal de vender la imagen del “alcalde cercano a la gente”, pero es tan sobreactuado, que al bailar en un bazar de barrio o abrazar a una persona de estratos bajos,  se nota su cara de desprecio e incluso asco.

Segundo, su defensa jurídica. El juez que tumbó la venta falló en derecho, no en político. Entonces, la administración viene haciendo presión para que el Tribunal administrativo de Cundinamarca les dé la razón, así omita los errores y fallos de ley que se presentaron durante la aprobación del artículo de enajenación de la ETB en el plan de desarrollo de Bogotá.

Al tiempo, el presidente de la ETB está poniendo en marcha una estrategia sucia, que ya tiene tiempo y ahora redobla. Cuando llegó a la ETB planteó tres metas: Venderla, desmembrarla o liquidarla. Cabe recordar que él es economista y no conoce de comunicaciones, eso se ha dejado ver para cumplir el objetivo: el Marchitamiento de la ETB.

Por un lado, está afectando la atención al público, que es uno de los aspectos más importantes. Cambió el contrato hace unos meses. Contrataron personas inexpertas sin sentido de pertenencia, con contratos basuras de dos o tres meses, que no dan soluciones a los clientes. Tampoco brinda los materiales ni herramientas para que los trabajadores estén seguros y puedan brindar un buen servicio.

Además, tiene archivado el parque automotor que transporta al equipo técnico. No hay recursos para monta llantas o cambios de aceite. En contraste, la mafia de empresas subcontratistas a su servicio, cobran hasta 40 mil pesos solo por la desmontada de una llanta.

Entonces, establece un ciclo. Cuando hay mal funcionamiento para los usuarios, nadie les responde en los teléfonos, centros o correos. Y si les llegan a contestar, el servicio técnico se demora o no llega. Tal deficiencia molesta a cualquier cliente, provocando migración.

Al respecto, Sintratelefonos prepara una serie de denuncias, preferiblemente ante la Procuraduría, porque la Contraloría distrital está cooptada por Vargas lleras, principal aliado de Peñalosa. En este momento, Jorge castellanos está empecinado en marchitar la empresa a ver cómo la puede liquidar. Desde Sintratelefonos estamos haciendo todo lo posible para que no nos vayan a robar uno de los iconos de Bogotá.

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